El próximo 25 de abril están convocadas en Italia movilizaciones contra el gobierno en el marco del Día de la Liberación del fascismo. Todo apunta a que la jornada será multitudinaria, con actos en múltiples ciudades y superando el carácter meramente conmemorativo que suele tener la fecha. En ciudades como Roma, Milán, Nápoles o Turín, distintas organizaciones convocaron marchas y acciones que prevén reunir a miles de personas bajo consignas que combinan la memoria antifascista con las demandas políticas actuales.
A diferencia de años anteriores, el clima previo aparece marcado por una mayor tensión política, con la participación activa de sectores juveniles, organizaciones de base, colectivos estudiantiles y grupos de sindicalismo combativo. Un rasgo distintivo de estas convocatorias es la centralidad de la cuestión internacional, particularmente la solidaridad con Palestina.
Las consignas denuncian el rol del gobierno italiano en la cadena de apoyo político, económico y militar a Israel. Además, el rechazo al militarismo, las medidas de austeridad y las políticas trumpistas (dándole continuidad a las protestas de “No Kings” de marzo en Roma). En este sentido, la jornada tiene un carácter muy politizado y radicalizado, ya que, junto a las tradicionales marchas, se anuncian bloqueos y paros de labores.
Una fecha que sigue viva
La fecha no es casual, ese día ocupa un lugar importante en la historia italiana como fecha que conmemora la derrota del fascismo y el fin de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945, la insurrección partisana marcó el colapso del régimen de Benito Mussolini. Desde entonces, esta jornada se “institucionalizó” como un símbolo fundacional de la República italiana y de los valores antifascistas sobre los que formalmente se erige.
Sin embargo, su significado está en disputa. Distintos sectores están tomando la fecha por su contenido original, uno de lucha, resistencia y derrota del fascismo. Como un recuerdo, pero también como una oportunidad de tomar las calles ante gobiernos reaccionarios, vincular las demandas sociales y disputar el plano ideológico en el que se confrontan distintas lecturas sobre el alcance y los límites de aquel proceso histórico.
La fecha es resignificada por los sectores movilizados que buscan establecer un paralelismo entre la lucha antifascista histórica y las tensiones políticas contemporáneas, particularmente frente al avance de gobiernos de extrema derecha en Europa y las políticas impulsadas por el gobierno de Meloni. De este modo, no solo es un acto de memoria, sino un espacio de intervención política activa.
Bloquearlo todo
En esta dinámica, adquiere un papel importante el movimiento “Blocchiamo tutto!” (¡Bloqueamos todo!), que es uno de los principales dinamizadores de las protestas tras su surgimiento para las acciones contra el soporte italiano al genocidio de Israel en Palestina. Su enfoque es no limitarse a la denuncia, sino intervenir directamente sobre los mecanismos materiales que vinculan al Estado italiano con la guerra en Gaza. Su consigna de “bloquearlo todo”, sintetiza su orientación que busca trasladar el eje de la protesta hacia la interrupción efectiva de los circuitos comerciales y logísticos.
Es así como en septiembre pasado, Italia vivió una gigantesca huelga política en denuncia del genocidio palestino. Dos millones de personas se sumaron a las acciones en más de 100 ciudades. En este marco, es relevante el papel de sectores del movimiento obrero, particularmente vinculados a la logística y los puertos. La posibilidad de frenar el tránsito de mercancías, incluidos envíos con destino a Israel, introdujo una dimensión concreta de presión que trascendió la movilización rutinaria.
La articulación entre este tipo de acciones y la convocatoria a una huelga política refleja un proceso de radicalización muy progresivo en medio de un ambiente girado a la derecha, aunque cada vez emerge más el “desde abajo” de la lucha de clases. Esta convergencia no está exenta de tensiones, dada la fragmentación sindical y las diferencias entre organizaciones, pero al mismo tiempo expresa la potencialidad hacia la construcción de un movimiento más amplio y con mayor capacidad de intervención.
La coyuntura política en Italia está marcada por un escenario de tensiones crecientes para el gobierno, particularmente a partir de la reciente derrota en torno a la reforma judicial. Este revés puso en evidencia los límites en la capacidad del gobierno para avanzar en su agenda. Aunque no se trata de una crisis abierta de gobernabilidad, sí es un momento de debilidad tras su mayor revés hasta el momento.
Lo que empieza a moverse
En este escenario, la convocatoria es un contrapeso frente a un contexto nacional e internacional marcado por el avance de fuerzas de derecha. Esto no implica una inversión automática de la tendencia global, pero sí introduce un elemento de reversión en un cuadro general en el que predominan políticas conservadoras, autoritarias o abiertamente reaccionarias. En este sentido, la emergencia de protestas con niveles crecientes de politización sugiere la reaparición de formas de intervención colectiva (internacionalistas y clasistas) que habían mostrado un reflujo en períodos anteriores.
Un elemento central en esta dinámica es la articulación entre demandas locales e internacionales, particularmente a través de la huelga política en solidaridad con Palestina. Este tipo de acciones trasciende el marco tradicional de la protesta gremial o corporativa, al vincular la situación interna con conflictos globales y al incorporar herramientas propias del movimiento obrero. La posibilidad de que sectores trabajadores intervengan en clave política, y no únicamente económica, introduce una dimensión con un peso significativo en la lucha de clases.
La experiencia italiana muestra las potencialidades de la lucha por abajo, de la organización sindical radical y de la construcción de conciencia de clase. El Día de la Liberación se juega el alcance real de estas movilizaciones, en un contexto que los gobiernos de extrema derecha atraviesan un mal momento (empezando por Trump que cae en las encuestas y se empantanó en Irán) y en el que comienza a tener más peso la lucha de clases.
Fuente: IZQ Web
