Por: Pablo Martín de Santa Olalla Saludes *
El Gobierno de Giorgia Meloni fijó para el 22 y 23 de marzo el referéndum sobre la reforma de la Justicia, centrada en la separación de las carreras judicial y fiscal
La consulta remite inevitablemente al antecedente de 2016, cuando el entonces primer ministro Matteo Renzi perdió el referéndum constitucional con un 59 % de votos en contra, resultado que marcó el declive de su liderazgo. También se evoca el referéndum del Brexit en el Reino Unido, que precipitó la salida de David Cameron.
La reforma actual apunta a impedir el paso directo entre funciones de juez y fiscal, una posibilidad hoy prevista por el ordenamiento italiano y que, en la práctica, afecta a menos del 1 % de los magistrados. El Ejecutivo sostiene que busca evitar conflictos de interés y reforzar la imparcialidad. La oposición, encabezada por el Partido Democrático y su líder Elly Schlein, acusa al Gobierno de intentar condicionar al poder judicial y enmarca la iniciativa en una deriva autoritaria.
Las encuestas muestran un escenario abierto. Meloni mantiene niveles de intención de voto superiores al 30 %, mientras el PD ronda el 22 %. Sin embargo, el referéndum introduce una lógica plebiscitaria que puede transformar la consulta en un juicio político sobre la primera ministra, más que sobre el contenido técnico de la reforma.
A diferencia de Renzi en 2016, Meloni cuenta con el respaldo cohesionado de sus socios de coalición, Forza Italia y Lega. El texto es defendido por el ministro de Justicia, Carlo Nordio, exmagistrado de larga trayectoria. No obstante, una eventual derrota abriría un escenario de presión política, con pedidos de dimisión desde la oposición.
El contexto económico y social añade tensión: bajo crecimiento, elevada deuda pública, envejecimiento demográfico y emigración anual de jóvenes cualificados. En el plano internacional, Meloni exhibe proyección y visibilidad, pero el referéndum medirá el consenso interno real de su liderazgo.
El precedente histórico ofrece dos caminos: el fortalecimiento tras una victoria plebiscitaria o el debilitamiento tras una derrota, como ocurrió con Renzi. En caso de imponerse el “sí”, Meloni consolidaría su posición de cara a 2027; si prevalece el “no”, el tramo final de la legislatura podría tornarse inestable. El resultado definirá si la reforma judicial se convierte en un punto de inflexión político o en un episodio más de confrontación institucional.
*Profesor de Derecho y Relaciones Internacionales en la Universidad Camilo José Cela (UCJC).
